mis dibujos tristes

Amo los boleros pero siento que no me los merezco, los boleros necesitan una pena de amor, aguardiente y nostalgia para saborearlos de verdad. Siempre los he amado aunque no los he podido disfrutar como quisiera. Con el dibujo me pasaba mas o menos lo mismo.

Estaba terminando de leer Cartas a Theo y me sentí fascinada por la sensibilidad con la que Van Gogh hablaba de sus pinturas: la emoción, la soledad, la impotencia, la melancolía, la pasión, la tristeza y el hecho de que nadie lo entendiera me conmovía y me inspiraba. Yo quería que el desasosiego se apoderara de mi, quería pintar la impotencia y la nostalgia, quería emborracharme y llorar y pintar y fracasar y ser muy sensible y pobre y llorar mas y pintar mi dolor y mi sufrimiento.

También admiraba a Hopper con su recurrente soledad y los tonos que reflejan de la pálida tristeza de la vida cotidiana. Hermoso. Lo amo.

Y ni hablar de los ilustradores que me gustaban, con sus azules pálidos, verdes fríos y trazos con lápiz repletos de metáforas y poesía. No tenía ninguna duda, yo definitivamente quería ser como ellos. Soñaba ser una chica sensible y tímida que se escondía detrás del papel y creaba los dibujos mas íntimos y hermosos que nadie jamás hubiese visto.

Con mis referentes en mente empecé la búsqueda de mi estilo, yo tenía claro que quería hacer poesía, tenía claro que quería reflejar la tristeza mas profunda e íntima que pudiera encontrar dentro de mi, soñaba con desarrollar mi timidez y encontrar una mirada melancólica en el espejo. Quería pintar con azules pálidos y verdes fríos, quería hacer magia! Poesía. Me senté frente al escritorio y con Morrisey de fondo empecé a pintar. No. No pasó nada. Ni una gota de azul tocó mi papel. Lo intenté otra vez y no, nada de nada. Tenía todo lo que necesitaba: unas lindas acuarelas, pinceles de todos los tamaños, la mejor banda sonora, cientos de hojas y muchas ganas, lo único que me faltaba era mi mirada melancólica, ser tímida y estar triste.

6023301160_bc0fdda705_o.jpg
mis intentos fallidos de dibujos tristes

 

No pasó mucho tiempo y mi oportunidad apareció, estaba saliendo de una relación y estaba triste. Agarré mis hojas y con toda la furia empecé a llenarlas de tristeza, soledad y desamor. No. Tampoco. Lo intenté una y otra vez y no, nada. Hice un montón de dibujos insípidos y pretenciosos que no trasmitían nada. Tenía tantas ganas de estar triste que la tristeza perdió todo su sentido. Hice varios intentos por dibujar lo que quería pero nunca me salió, por el contrario me encontraba una y otra vez con chistecitos torpes llenos de luz, color y felicidad, lo opuesto a lo que estaba buscando. Mi frustración no podía ser mas grande, yo soñaba ser como Van Gogh pero mis dibujos parecían hechos por una princesa de Disney en un bosque encantado. ¡Que decepción!

Después de mi fracaso como chica tímida y melancólica tuve que asumir que ese no era mi camino. Entender que mi naturaleza es ser alegre y entusiasta me ha traído muchas preguntas y frustraciones. Para mí es muy difícil crear a partir de la alegría y no sentirme tonta e ingenua. De alguna manera quiero que en el fondo de mis dibujos haya alguna reflexión, un punto de vista, una cuota de nostalgia o de humanidad aunque hasta hoy lo único que me sale son narraciones de lo que me rodea.

Seguramente el señor dibujo y yo envejeceremos juntos, tendremos la crisis de los 40 y la sabiduría de los 70, pasaremos por las duras y las maduras y con suerte lograremos llevar alguna de mis tristezas al papel, lo que sí es un hecho es que gracias a él he entendido muchas cosas de mi, es mi analista y es mi amigo <3, es con quien tengo largas conversaciones, es con quien me encuentro en el café a tomar el sol y ver la gente pasar.

Ya veremos que sigue después.

walking dog

Advertisements

Así empezó mi romance con el dibujo

Empecé a escribir porque me siento sola, mejor dicho, no me siento sola, sino que estoy sola, físicamente sola.

Hace un mes me mudé a un pueblo en medio de la nada, tiene setecientos habitantes y tres mil ovejas.

En el centro hay tres cafés: uno que me gusta porque tengo donde sentarme, otro que me gusta porque el café es delicioso y otro que hace el peor café de mundo, ponen un música espantosa pero tiene internet. Obviamente yo voy al que tiene internet.

El pueblo se llama Ohakune, es la capital de la zanahoria, hay un bar, dos restaurantes, tres cafés un correo, un banco, dos tiendas de bicicletas y tres volcanes: El Tongariro, Ruapehu y Ngauruhoe, famosísimos por el señor de los anillos.

El atractivo de este lugar es el deporte de aventura, el paisaje es espectácular, pero yo no les voy a mentir, yo soy una chica de ciudad. A mi me gusta sentarme en un café un sábado a la tarde y dibujar, me gusta caminar por las calles durante horas, ir al cine, tomar cerveza y conversar.

No, no y no, nada de eso es posible acá.

No tengo amigos (todavía), no tengo internet (todavía) y no tengo ganas de subir ninguna montaña (la veo difícil).

Cuando era profe saciaba mi adicción a hablar con mis estudiantes, después le tocó a Lea soportar toda mi cháchara y ahora que estamos temporalmente separados y estoy viviendo sola, necesito hablar. Conversar.

Así que aquí estoy, retomando mi blog abandonado, poniendo mi historia en palabras y mis pensamientos en orden. Ésto es lo mas parecido a una conversación a lo que puedo acceder ahora.

Hola, soy marcelilla pilla y soy dibujante.

De qué mas creían que les iba a hablar?

Empecé a dibujar un viernes en la tarde, tenía 25 años, estaba en el último semestre de la universidad y sentí que para sobrevivir al competitivo mundo laboral necesitaba aprender a dibujar, era febrero del 2007, hacía calor como siempre, y mientras mis amigos tomaban cerveza yo subía al último piso de la biblioteca a encontrarme con el dibujo.

Luis Fernando Castro. Mi sensei. Toda mi emoción por el dibujo se la debo a él.

Empezamos la clase:

-Saquen una hoja y escriban su nombre.

Saqué una hoja y en el extremo superior izquierdo escribí: Marcela Jaramillo

-Tuvieron algún problema con escribir su nombre?

Absolutamente ninguno, me lo sé de memoria.

-Si son capaces de escribir, son capaces de dibujar, lo único que necesitan es poner las líneas en orden. Dibujar no requiere de una motricidad especial, el truco está en aprender a mirar.

Ohhhhh….. (sonido de multitud asombrada)

Después de cinco minutos yo ya estaba enajenada.

Era cierto que no había ningún problema con la motricidad de mi mano, también que si se trataba de escribir lo hacía con una fluidéz magistral pero también era cierto que por mas que lo intentara mis dibujos eran un desastre.

-el primer dibujo de la vida-

La clase siguió, los días pasaron y yo con mi mirada mas entrenada hacía mis propias observaciones. Es muy raro empezar a dibujar cuando uno es grande porque todas las cosas que te rodean adquieren un nuevo sentido, la silla ya no es silla sino que son las lineas que la componen, la puerta, la ventana, la bicicleta y la cuchara, ay! la cuchara, tan simple y tan difícil de dibujar, han pasado años y todavía no lo logro.

La clase con Luis duró cuatro meses, era los viernes de dos a seis de la tarde, mis recuerdos están llenos de calor y felicidad.

Seguí dibujando todos los días: mientras comía helado, mientras hacía la fila del banco o salía a tomar cerveza. Dibujar se convirtió en un vicio.

-mis primeros retratos-

Luis me enseñó muchas cosas que sigo aplicando y compartiendo, sus clases nada tenían que ver con la proporción áurea ni con aprender estructuras ni formas, por el contrarios estaban totalmente desligadas de los estándares y de la idea de dibujos bien hechos, él nos animó a perseguir la curiosidad, a ser observadores. A contemplar.

Éstas sn algunas de las cosas que alguna vez nos dijo en clase.

Dibujar con Tinta en vez de dibujar con lápiz.

Nunca nos dejó borrar.

El esfuerzo, la concentración y las observaciones que uno hace cuando dibuja directamente con tinta son extraordinarias, esa linea que estás haciendo es inamovible, va a quedar ahí para siempre, no la vas a poder mover un poquito para la derecha, ni hacer esa curvita un poco menos pronunciada.

La tinta requiere que uno está completamente comprometido con el dibujo, no tener la opción de empezar de nuevo ni de mover las líneas hace que uno se concentre mas, que dibuje con mas confianza y que le pierda el miedo a equivocarse.

Yo amo dibujar con tinta porque siento que los dibujos quedan mas parecidos a mi personalidad que cuando los hago con lápiz.

Obviamente no estoy diciendo que está mal dibujar con lápiz, lo que quiero decir es que YO aprendí a dibujar con tinta y me sirvió mucho y me encanta. El 100% de mis dibujos, a menos que sean para un cliente, son hechos sin boceto, me gusta la relación que tengo con la hoja antes de empezar, me gusta la adrenalina de la primera línea y la sensación de que me va a quedar mal.

Terminar los dibujos, nunca dejarlos a medias.

Uno nunca sabe a donde lo va a llevar un dibujo que empieza chueco.

Después de mucho tiempo entendí lo que Luis nos quería decir con esto y es que cuando el dibujo pierde el carácter de definitivo uno se deja llevar por la línea y termina haciendo unos dibujos increíblemente expresivos porque no tienen la presión de ser el dibujo final. Yo aprendí a encariñarme con mis dibujos mal hechos porque al final son los que tienen mas personalidad.

En todo caso terminar todos los dibujos que empiezo ha sido un lindo hábito que me ha liberado de la presión de los dibujos bien hechos y me ha ayudado a apreciar el acto de dibujar.

Hacer mis propias observaciones

Si dibujar es aprender a mirar: uno puede mirar lo que lo rodea o puede mirar como otros miraron lo que los rodea.

Luis nos hizo mucho énfasis en hacer nuestros propios descubrimientos, mirar las lineas que componen los objetos y crear nuestro propio banco de imágenes alejado de los estándares, esto no solo me liberó de la presión de querer que mis dibujos se parecieran a la realidad sino que hizo que me enamorara de ellos porque eran míos, era mi proceso de descubrimiento y mis observaciones.

Siempre habrá gente que admirar y siempre habrá un japonés que haga las cosas mejor que nosotros pero el proceso de dibujar es personal y estos dibujos son los mejores que puedo hacer hoy. Yo amo mis dibujos no solo porque me parecen hermosos sino porque son míos, los hice yo y tienen todo el amor y toda la emoción que pongo en ellos, y además qué rayos! nadie puede hacer mis dibujos mejor que yo.