Así empezó mi romance con el dibujo

conversaciones

Empecé a escribir porque me siento sola, mejor dicho, no me siento sola, sino que estoy sola, físicamente sola.

Hace un mes me mudé a un pueblo en medio de la nada, tiene setecientos habitantes y tres mil ovejas.

En el centro hay tres cafés: uno que me gusta porque tengo donde sentarme, otro que me gusta porque el café es delicioso y otro que hace el peor café de mundo, ponen un música espantosa pero tiene internet. Obviamente yo voy al que tiene internet.

El pueblo se llama Ohakune, es la capital de la zanahoria, hay un bar, dos restaurantes, tres cafés un correo, un banco, dos tiendas de bicicletas y tres volcanes: El Tongariro, Ruapehu y Ngauruhoe, famosísimos por el señor de los anillos.

El atractivo de este lugar es el deporte de aventura, el paisaje es espectácular, pero yo no les voy a mentir, yo soy una chica de ciudad. A mi me gusta sentarme en un café un sábado a la tarde y dibujar, me gusta caminar por las calles durante horas, ir al cine, tomar cerveza y conversar.

No, no y no, nada de eso es posible acá.

No tengo amigos (todavía), no tengo internet (todavía) y no tengo ganas de subir ninguna montaña (la veo difícil).

Cuando era profe saciaba mi adicción a hablar con mis estudiantes, después le tocó a Lea soportar toda mi cháchara y ahora que estamos temporalmente separados y estoy viviendo sola, necesito hablar. Conversar.

Así que aquí estoy, retomando mi blog abandonado, poniendo mi historia en palabras y mis pensamientos en orden. Ésto es lo mas parecido a una conversación a lo que puedo acceder ahora.

Hola, soy marcelilla pilla y soy dibujante.

De qué mas creían que les iba a hablar?

Empecé a dibujar un viernes en la tarde, tenía 25 años, estaba en el último semestre de la universidad y sentí que para sobrevivir al competitivo mundo laboral necesitaba aprender a dibujar, era febrero del 2007, hacía calor como siempre, y mientras mis amigos tomaban cerveza yo subía al último piso de la biblioteca a encontrarme con el dibujo.

Luis Fernando Castro. Mi sensei. Toda mi emoción por el dibujo se la debo a él.

Empezamos la clase:

-Saquen una hoja y escriban su nombre.

Saqué una hoja y en el extremo superior izquierdo escribí: Marcela Jaramillo

-Tuvieron algún problema con escribir su nombre?

Absolutamente ninguno, me lo sé de memoria.

-Si son capaces de escribir, son capaces de dibujar, lo único que necesitan es poner las líneas en orden. Dibujar no requiere de una motricidad especial, el truco está en aprender a mirar.

Ohhhhh….. (sonido de multitud asombrada)

Después de cinco minutos yo ya estaba enajenada.

Era cierto que no había ningún problema con la motricidad de mi mano, también que si se trataba de escribir lo hacía con una fluidéz magistral pero también era cierto que por mas que lo intentara mis dibujos eran un desastre.

-el primer dibujo de la vida-

La clase siguió, los días pasaron y yo con mi mirada mas entrenada hacía mis propias observaciones. Es muy raro empezar a dibujar cuando uno es grande porque todas las cosas que te rodean adquieren un nuevo sentido, la silla ya no es silla sino que son las lineas que la componen, la puerta, la ventana, la bicicleta y la cuchara, ay! la cuchara, tan simple y tan difícil de dibujar, han pasado años y todavía no lo logro.

La clase con Luis duró cuatro meses, era los viernes de dos a seis de la tarde, mis recuerdos están llenos de calor y felicidad.

Seguí dibujando todos los días: mientras comía helado, mientras hacía la fila del banco o salía a tomar cerveza. Dibujar se convirtió en un vicio.

-mis primeros retratos-

Luis me enseñó muchas cosas que sigo aplicando y compartiendo, sus clases nada tenían que ver con la proporción áurea ni con aprender estructuras ni formas, por el contrarios estaban totalmente desligadas de los estándares y de la idea de dibujos bien hechos, él nos animó a perseguir la curiosidad, a ser observadores. A contemplar.

Éstas sn algunas de las cosas que alguna vez nos dijo en clase.

Dibujar con Tinta en vez de dibujar con lápiz.

Nunca nos dejó borrar.

El esfuerzo, la concentración y las observaciones que uno hace cuando dibuja directamente con tinta son extraordinarias, esa linea que estás haciendo es inamovible, va a quedar ahí para siempre, no la vas a poder mover un poquito para la derecha, ni hacer esa curvita un poco menos pronunciada.

La tinta requiere que uno está completamente comprometido con el dibujo, no tener la opción de empezar de nuevo ni de mover las líneas hace que uno se concentre mas, que dibuje con mas confianza y que le pierda el miedo a equivocarse.

Yo amo dibujar con tinta porque siento que los dibujos quedan mas parecidos a mi personalidad que cuando los hago con lápiz.

Obviamente no estoy diciendo que está mal dibujar con lápiz, lo que quiero decir es que YO aprendí a dibujar con tinta y me sirvió mucho y me encanta. El 100% de mis dibujos, a menos que sean para un cliente, son hechos sin boceto, me gusta la relación que tengo con la hoja antes de empezar, me gusta la adrenalina de la primera línea y la sensación de que me va a quedar mal.

Terminar los dibujos, nunca dejarlos a medias.

Uno nunca sabe a donde lo va a llevar un dibujo que empieza chueco.

Después de mucho tiempo entendí lo que Luis nos quería decir con esto y es que cuando el dibujo pierde el carácter de definitivo uno se deja llevar por la línea y termina haciendo unos dibujos increíblemente expresivos porque no tienen la presión de ser el dibujo final. Yo aprendí a encariñarme con mis dibujos mal hechos porque al final son los que tienen mas personalidad.

En todo caso terminar todos los dibujos que empiezo ha sido un lindo hábito que me ha liberado de la presión de los dibujos bien hechos y me ha ayudado a apreciar el acto de dibujar.

Hacer mis propias observaciones

Si dibujar es aprender a mirar: uno puede mirar lo que lo rodea o puede mirar como otros miraron lo que los rodea.

Luis nos hizo mucho énfasis en hacer nuestros propios descubrimientos, mirar las lineas que componen los objetos y crear nuestro propio banco de imágenes alejado de los estándares, esto no solo me liberó de la presión de querer que mis dibujos se parecieran a la realidad sino que hizo que me enamorara de ellos porque eran míos, era mi proceso de descubrimiento y mis observaciones.

Siempre habrá gente que admirar y siempre habrá un japonés que haga las cosas mejor que nosotros pero el proceso de dibujar es personal y estos dibujos son los mejores que puedo hacer hoy. Yo amo mis dibujos no solo porque me parecen hermosos sino porque son míos, los hice yo y tienen todo el amor y toda la emoción que pongo en ellos, y además qué rayos! nadie puede hacer mis dibujos mejor que yo.

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4 thoughts on “Así empezó mi romance con el dibujo

  1. Que lindas tus palabras, son inspiradoras. Justo estoy animandome a dibujar también, y me sentí un poco identificada 🙂

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